La situación era muy complicada. España dominaba y parecía que se llevaría la victoria por la mínima diferencia. Alemania llegaba, pero ninguno de sus tiros era contundente.

Eso fue hasta el minuto 83, cuando el recién ingresado Niclas Furklug se encontró con un balón milagroso que golpeó con toda su fuerza y se incrustó en las redes de la portería española para decretar el 1-1.

El festejo fue apoteósico, pues el gol no solo representaba el empate, sino el hecho de que Alemania seguía con vida en la Copa del Mundo.

Una segunda derrota al hilo, combinada con el triunfo de Costa Rica ante Japón hubiera sido fatal. Pero afortunadamente ahí estaba Furklug, recién salido de la banca y ese tiro milagroso.